REPORTAJE: Cultura Nocturna – Berlín

Berlín se ha convertido durante los últimos años en el epicentro de la música electrónica a nivel internacional. El famoso sonido alemán, abanderado por sellos best seller como Kompakt, Traum, Sender, Areal, Perlon o Playhouse, toma su máxima expresión en los festivales, clubes y tiendas de discos de la capital germana. En este sentido, ciudades como Detroit, Chicago, Londres o Nueva York han terminado cediendo su testigo a la capital germana, de forma que de un tiempo a esta parte la ciudad se ha convertido en una de las mayores factorías de maxis y elepés del mundo. No en vano, allí se han trasladado desde los colosos estudios de la MTV hasta la tradicional feria musical Popkomm, pasando por un sin fin de figuras tan influyentes como Richie Hawtin, Daniel Bell, Jamie Lidell, Savas Pascalidis, Ricardo Villalobos o Luciano. Nosotros junto con el porno en países como Argentina, aunque fuera por unos días, tampoco queríamos perdérnoslo. Compra los billetes, pilla una habitación, prepara el equipaje y hazte con un mapa, que nos vamos a Berlín.

I entrega: la ciudad de día

Algo menos de tres horas de vuelo separan Madrid de la capital germana. Tiempo más que de sobra para charlar sobre la escena berlinesa con algún artista local como Joshua Smith (uno de los últimos invitados de Gerardo Niva para actuar en la popular Goa) o incluso para encontrarse a un dj Hell que, tras su movidita actuación de la noche anterior en la sala Macumba, ha decidido tomarse el vuelo con más calma y sumergirse en las siliconadas páginas de su Playboy… Ding! “Por favor, señores viajeros, abróchense el cinturón, bla, bla, bla”. Aterrizamos en Berlín.

La capital germana es una ciudad que merece ser explorada rincón a rincón. Cada barrio, cada parque y, si me apuras, cada calle esconden algo en lo que sería imposible reparar si no es pasando explícitamente por allí. Por ello, una buena alternativa pasa por alquilarse una bici, el medio de transporte favorito de los berlineses. Y es que la ciudad realmente invita a ello: con un millón de habitantes más que Madrid y casi el triple que Barcelona y todo su porno español, en Berlín curiosamente el tráfico brilla por su ausencia. Así, sus ciudadanos conviven desde hace años con estos limpios vehículos de dos ruedas, respetándolos en los cruces, habilitándoles carriles específicos o permitiendo su entrada en el subterráneo. También podemos utilizar otros medios de transporte alternativos como el tranvía o el mismo metro, en el que la ausencia de torniquetes habla por sí sola del civismo y el sentido de la responsabilidad de los teutones. Con todo, resulta más que conveniente hacerse con una buena guía de la ciudad o, lo que es mejor, intentar que sean los propios berlineses quienes guíen nuestros pasos. Y es que el famoso mito que asegura que los alemanes son gente cuadriculada, fría y distante se disipa al poco tiempo de poner un pie en la ciudad: amables y hospitalarios, los berlineses se muestran accesibles y dispuestos a echarte una mano siempre que haga falta. Sólo así podremos exprimir a fondo todo lo que una ciudad como Berlín puede ofrecernos. Pero dejémonos de teoría, y salgamos a echar un vistazo.

A la izquierda, las impolutas cristaleras de un edifico futurista reflejan las ruinas del inmueble de enfrente, uno de tantos testimonios de la devastación de la guerra que hoy luce nueva cara tras ser reconvertido en galería de arte contemporáneo. Un poco más allá, un pequeño grupo de personas reza ante un discreto homenaje a las víctimas del Muro, símbolo palpable de cómo una ideología puede separar físicamente a miles de familias durante casi treinta años. A nuestra espalda, varios aficionados al hip hop improvisan unas rimas en plena calle bajo la atenta mirada de un grupo de ejecutivos agresivos que, en ese preciso momento, toman su sándwich sentados en el césped. Allá donde se mire, en el mismo lugar donde hace apenas 60 años sólo había odio, ruinas y miseria, hoy la palabra Liebe cobra vida en un sin fin de graffitis, esculturas modernistas y panfletos callejeros. Así es Berlín, una ciudad que se niega a renunciar al pasado, pero que insiste en mirar al futuro. Todo cabe en la capital germana.

Resulta frecuente, por tanto, que las largas noches de electrónica alemana y los intensos días de un lado a otro de la ciudad estén separados por escasas horas de sueño. Y es que no sólo de electrónica vive el hombre, y menos aún en una metrópoli como Berlín. Por ello, lo mejor que se puede hacer por la mañana temprano es agarrar la cámara de fotos y salir a ver la ciudad. ¿Por dónde empezar? Un buen comienzo podría ser la famosa Puerta de Brandemburgo, el Reichstag alemán (obligatorio subir a su cúpula de cristal) y los nuevos edificios gubernamentales, situados a uno y otro lado del río Spree. Tampoco podemos dejar de pasar por la famosa Alexanderplatz y su Fernsehturm, la emblemática torre de la televisión alemana que, además de contar con los mismos metros de altura que días tiene un año, aloja un espectacular restaurante giratorio decorado al más puro estilo James Bond en los ´60. Otra opción interesante la encontramos en el corazón del Berlín occidental, concretamente en la Postdamer Platz y sus inmediaciones. La zona está plagada de resplandecientes rascacielos y diversos logros arquitectónicos entre los que se encuentra el popular Sony Center, con su inevitable diseño futurista y su más que tentadora tienda oficial. Muy cerca de allí también podemos visitar la Gedächtniskirche, una curiosa iglesia que los berlineses han querido conservar tal y como la dejaron los intensos bombardeos aliados sobre la capital, y de ahí que popularmente también se le conozca como el “Diente Hueco”. Sin embargo, éste es sólo unos de los cientos de testimonios que recuerdan el horror de la guerra.

Del más famoso, el Muro de Berlín, se conservan varios fragmentos a lo largo de toda la ciudad. El más extenso lo podemos encontrar en la Berlin Wall East Side Gallery, una sección de tres kilómetros de Muro que hoy aparece pintada por diversos artistas procedentes de medio mundo. Otro de estos fragmentos, esta vez luciendo toda la crudeza de su gris cemento, linda con la Topografía del Terror, una siniestra exposición sobre la barbarie nazi situada exactamente en el mismo terreno que hace 60 años ocupaban las sedes de las SA y las SS alemanas. Y si después de pasar toda la mañana de un lado a otro todavía nos quedan fuerzas para ir a algún museo, estamos de suerte porque la ciudad ofrece todo tipo de posibilidades: desde un museo dedicado íntegramente a Los Ramones en pleno barrio de Kreuzberg o el Schwules Museum (el único museo gay de Europa) y sus controvertidos tributos a personajes históricos como Thomas Mann o Greta Garbo, hasta el espectacular Museo de Pérgamo o el imprescindible Museo Judío (con su escalofriante Torre del Holocausto).

Entre rugido y rugido el estómago nos va recordando que se acerca la hora de comer. La pregunta es, ¿hay vida más allá de la típica salchicha alemana con cartofel? La hay. Al igual que ocurre con los museos, la oferta gastronómica de la ciudad es muy amplia, si bien no tardaremos en darnos cuenta de que la cocina oriental es una de las favoritas de los berlineses. Basta dejarse caer por cualquiera de los numerosos restaurantes orientales situados a lo largo de Oranienburger Strasse (la arteria principal de Mitte) para darse cuenta de que el curry, el cus cus y la soja triunfan casi más que la calorífica dieta germana. Eso no quiere decir que debamos irnos de Berlín sin comer en un restaurante típico acompañados de una buena jarra de bier alemana. Existe también algún que otro restaurante de comida mediterránea, pero ya se sabe que como en casa…

Para bajar la comida nada mejor que darse una vuelta por algunos de los barrios más emblemáticos de la ciudad. Encabezando la lista nos encontramos con Mitte, centro neurálgico de la vida artística berlinesa y uno de las zonas más de moda de la capital. Para comprender cómo el antiguo corazón de la decrépita zona soviética ha llegado a alcanzar este protagonismo debemos remontarnos al 9 de noviembre de 1989. Nada más caer el Muro, numerosos jóvenes artistas procedentes de la parte occidental decidieron mudarse a la zona oriental e instalar allí sus estudios, animados por los bajos alquileres y la abundante herencia de inmuebles vacíos que el régimen comunista había dejado tras de sí. Fruto de ese éxodo masivo Mitte pronto se convirtió en un conglomerado de galerías de arte independiente y exposiciones de lo más variopinto que todavía hoy marcan la personalidad de este atractivo barrio. Pero como era de esperar, a este auge cultural le siguió un inevitable boom comercial, de forma que durante los últimos años Mitte se ha ido llenado de un buen número de exclusivas tiendas que hacen gala de lo último en tendencias. Eso sí, junto a lo más de lo más en ropa vintage, los escaparates más espectaculares que uno pueda imaginarse o la inevitable Adidas Original Store, podemos encontrar librerías especializadas en cómics, bajos en los que se venden todo tipo de objetos retro que desatan la nostalgia del más entero, o tiendas de segunda mano como Kleidermarkt Garage, donde la ropa se vende al peso, concretamente a 25,95 euros el kilo.

Si nos dirigimos al noreste llegaremos a Prenzlauer Berg, un bohemio barrio atravesado por la calle Kastanien Alle, que viene a ser algo así como la Fuencarral madrileña, con sus acogedoras teterías en las que siempre merece la pena parar a tomar algo. Cerca de allí también podremos dar una vuelta por una antigua fábrica de cervezas que hoy alberga unos cines, un teatro, numerosos comercios y, como no, alguna que otra cervecería típica alemana. Por si aún no tuviéramos suficiente, todavía podemos recorrernos la interminable Friedrichstrasse, donde cientos de pequeños y medianos comercios conviven con las espectaculares galerías Lafayette. Precisamente llegando al final de esta calle se llega a Kreuzberg, uno de los barrios multiculturales por excelencia de la ciudad donde, al más puro estilo de Lavapiés o el Raval, un sin fin de inmigrantes, punkis y artistillas desaliñados conviven en caótica armonía con cientos de recónditos cafés, decrépitos bares y puestos de Dönner Kebab. Sin embargo, este barrio esconde también uno de los mayores tesoros para los amantes de la música electrónica.

Bordeando el Landwehrkanal, la calle Paul Lincke-Ufer no parece a primera vista albergar la que muchos han coincidido en calificar como la mejor tienda de vinilos del mundo. Con todo, encontrar Hard Wax se convierte en tarea harto complicada si no contamos alguien que guíe nuestros paseos previamente. El truco reside en fijarse en las gastadas letras que encabezan un sombrío pasadizo de cemento grisáceo. Tras pasar un pequeño patio y llegar al final del camino, un discreto portal parece la única alternativa posible. A medida que vamos subiendo por las escaleras van apareciendo las primeras pegatinas y pintadas, símbolo de que nos encontramos en el buen camino. Y como si del célebre rastro de miguitas del cuento se tratara, nuestros pasos van dejándose guiar por los cada vez más numerosos logos de garitos, colectivos y de la crème de la crème de la industria discográfica. Y así hasta que, llegando a la tercera planta, las pegatinas invaden casi el cien por cien de superficie de las puertas metálicas que dan acceso a la tienda.

En Hard Wax uno puede encontrar casi de todo, y encima a buen precio: desde las últimas novedades de sellos como M_nus, Perlon, Playhouse, B-Pitch o Pokerflat hasta un buen número de joyas que un buen día salieron de los estudios de Larry Levan, Steve Poindexter, Adonis, Patrick Adams o Kraftwerk. Y eso sin olvidar al niño preferido de la casa o, lo que es lo mismo, uno de los productores que más ha aportado al panorama techno durante el pasado 2005: Sleeparchive. Vamos, que todo el que visite esta meca de la electrónica se pasará con toda seguridad horas y horas rebuscando entre cajones repletos de vinilos y, lo que es peor, saldrá de allí con un buen roto en el bolsillo. Por fortuna para éste, las tiendas de discos tienen sus horarios, de forma que a las ocho de la tarde no nos quedará más remedio irnos. Una buena hora para dirigirnos a nuestra habitación y descansar un poco. Estamos en Berlín, y la noche se presenta larga, muy larga.

Historia de la música House

Desde las raíces a 1985

Guste o no, el House fue un claro descendiente de la música Disco, estilo que ya existía 10 años antes de que los sonidos electrónicos irrumpieran fuera de Chicago. Durante este periodo de tiempo tuvo la oportunidad de sufrir las consecuencias de la explotación comercial y los prejuicios raciales y sexuales que culminaron con la campaña del “Disco Sux”. Finalmente, acabó por hundirse bajo el peso de las malas versiones Disco de temas Pop y por el incremento de producciones que simplemente no eran buenas. Pero la escena underground ya había pasado página y comenzaba a desarrollarse un nuevo estilo más profundo y más adecuado para la pista de baile.

La música Disco produjo las primeras versiones en 12″ especialmente diseñadas para DJ’s, que incluían largas percusiones preparadas para mezclar. Muchos de estos temas han sido reversionados a lo largo de la última década, introduciendo nuevos elementos como efectos y sonidos sintetizados que nunca antes habían sido escuchados.

Pero no solo fue la música americana la que influenciara los comienzos del House. El Electro-pop de los ingleses Depeche Mode y Soft Cell, el sonido Disco de Giorgio Moroder y Klein & MBO y las miles de producciones italianas eran inmensamente populares en areas urbanas como Chicago y New York.

Una de las razones de su popularidad fue gracias a dos clubs que simultáneamente rompieron barreras entre razas y preferencias sexuales, dos clubs que pasaron a la historia de la música de baile – el Warehouse de Chicago, con Frankie knucles y el Paradise Garage de New York, con Larry Levan.

Desde un comienzo hubo diferencias entre New York y Chicago. “Los temas que venían de New York no pasaban de medio o bajo tempo, y los chicos de Chicago no querían eso toda la noche, necesitaban más energía”, comentaba Frankie Knucles después de su movida en Chicago.

Todavía se discute sobre cual fue el primer disco House, aunque seguramente fue creado por Jessie Saunders para el sello Mitchball, probablemente Z Factor’s “Fantasy”. Este disco, hoy día puede sonar extremadamente antiguo, pero años atrás resultó ser como un sonido sacado de otro planeta.

En 1985 estaba claro que algo grande estaba a punto de suceder. Ron Hardy, quien se convirtió en la columna vertebral de la escena club de Chicago, empezó a pinchar en The Music Box al mismo tiempo que Frankie Knucles dejaba Warehouse, y otros Dj’s como Farley y el Hot Mix 5, quien llevó a cabo los mix shows en la radio WMBX, se hicieron un nombre propio. Pero hacer discos no era la prioridad para la mayoría de los DJ’s; ellos creaban música específicamente para pinchar en los clubs. Larry Heard y Robert Owens, después de conocerse como Fingers INC, y Steve Hurley experimentaron con ritmos básicos antes de dar el paso hacia el vinilo.

“Empecé a centrarme en crear mi propia música” dice Hurley. “Hacia temas para pinchar como DJ, no realmente pensando en producir, sino en tener algo para pinchar que los demás no tuvieran. Uno de esos temas, “Music is the key”, tuvo tanta repercusión que decidí invertir dinero con otro tío, quien resultó ser Rocky Jones, y sacar el disco.”

Esta fue la ocasión del comienzo de DJ International Records, uno de los dos sellos que daban la oportunidad a todos aquellos aspirantes a productores en la ciudad, a crear su música en vinilo. El otro, Trax Records de Larry Sherman, se creó pensando en irrumpir en un mercado más comercial.

Mientras tanto, las cosas empezaban a funcionar en Nueva York, aunque la evolución era mucho mas lenta. Mixers como Larry Levan, Tony Humphries, Timmy Regisford y Boyd Jarvis, quienes seguían los pasos de Shep Pettibone y Jellybean Benitez, se estaban haciendo un hueco como remixers, empujados y apoyados por el contundente sonido de club de Colonel Abrams, que empezó a conocerse como Garage y que tomaba forma con producciones de sellos como Supertonics, Easy Strees y Ace Beat.

Glitch, un grupo de música electrónica que promete algo nuevo, fresco y original

glitch

Las nuevas tendencias electrónicas vienen marcadas por la tecnología de tal forma que la actitud creativa de los músicos viene dictada por la influencia de las herramientas con las que trabaja más que en ningún otro momento de la historia, así como xvideos al buscar vídeos xxx nuevos. Si bien es cierto que la música electrónica se supone que gira en torno a la tecnología electrónica, al igual que una buena parte de la electrónica experimental de los 80’s y 90’s se centró en la exploración de las nuevas herramientas de creación y manipulación de sonidos -como el sampler y distintos tipos de síntesis-, las nuevas herramientas informáticas han permitido al músico trabajar en un entorno donde la información es la verdadera protagonista.
La capacidad de trabajar de un modo multidisciplinar y multidireccional rápida y fácilmente, y de transformar de forma drástica y comunicar ésta información, han traído como consecuencia nuevas tendencias post digitales como el Glitch, o la música microscópica (síntesis granular).

 

El Glitch (estética basada en el error y detrito digital) ha reunido en Madrid su interés a un número de creadores que investigan en torno a este nuevo movimiento, como Coeval, Paul Webb, o Cnoi. Se trata de un grupo de artistas cuyo acercamiento musical no es académico, sino más bien autodidacta. La utilización de una serie de programas de software que permiten la creación digital de un modo instintivo -como Max, AudioSculpt o SMS- ha permitido la aparición de una nueva corriente dentro de la denominada música contemporánea lejos de conceptos académicos como el control absoluto del medio creativo. Por el contrario, la actitud del movimiento Glitch se basa en el error como consecuencia de la falta de dominio absoluta del hombre sobre la tecnología, y la exploración de sus límites.

 

Este acercamiento musical en torno al error fue iniciado originalmente en los años 50’s por compositores como John Cage, Oskar Fischinger, y posteriormente retomado por artistas como Pansonic, Oval, Noto, Taylor Deupree, o Kim Cascone. Este último es uno de los principales exploradores de esta estética sonora, habiendo realizado numerosos trabajos, así como ofrecido conferencias y escrito artículos centrados en el Glitch. Tal como Cascone comenta: “El medio ya no es el mensaje en la música Glitch: la herramienta se ha convertido en el mensaje. La técnica de exponer mínimas pociones de errores digitales y artefactos para sus propios valores sonoros ha ayudado a atravesar las barreras de los conceptos de la música, pero a su vez nos ha forzado a examinar nuestras pre-concepciones sobre los errores y la basura sonora con más cuidado.”

 

Parte de la actitud de las composiciones Glitch se basan en el principio deconstructivo de reducir a lo más mínimo la cantidad de información, en un proceso más sustractivo que aditivo. Esto es posible gracias a las actuales herramientas digitales donde toda la información (los sonidos) son reducidas a números, por lo que la más mínima alteración de dicha información puede provocar los más drásticos e insospechados cambios en el resultado. Así mismo, las cantidad de parámetros con los que el artista juega en esta disciplina es tan numerosa que éste es prácticamente forzado a tomar decisiones o bien instintivas o bien aleatorias.
Con éste espíritu en el que el proceso es tan importante como lo es el resultado, el dúo Coeval ha creado un proyecto interactivo Internet que, bajo el nombre de The Infinity Project, busca la continua transformación de Residuos Sonoros Digitales mediante la interacción de múltiples usuarios. Cada usuario puede procesar continuamente dicho material, el producto de cada proceso es publicado nuevamente manteniendo así un bucle de creatividad infinita.

 

El interés de Coeval por la arquitectura y artes digitales diversas les ha llevado también al desarrollo de proyectos paralelos, como la planificación de futuras instalaciones multidisciplinares de arte contemporáneo o la creación y diseño de aplicaciones informáticas en entorno de programación Max/Msp con el fin de generar programas de libre utilización dedicado al proceso digital del sonido. Otro de los artistas implicados en éste movimiento Glitch es el técnico informático británico Paul Webb. Webb, residente en Madrid, ha trabajado en el campo del sonido digital y arte interactivo por ordenador desde 1991, y -a través de su compañía Robot Software- está centrado el uso de técnicas de programación y algoritmos, estéticas informáticas digitales y estrategias interactivas para arte generativo.

Paul ha mostrado trabajos en reconocidas conferencias internacionales como el 3Sonic Art Network Conferences, en el Reino Unido, además ha participado en varias muestras colectivas de arte digital/electrónico, así como realizado conciertos musicales individuales en eventos diversos y universidades.

Los orígenes de la música electrónica y su evolución

La electrónica se puede entender como todo tipo de música que utiliza para su creación una serie de instrumentos que usan energía eléctrica para producir sonidos, así como aquellas tecnologías que han sido desarrolladas especialmente para este cometido. En términos generales, se diferencia de aquellos géneros que emplean medios electromecánicos, aunque también se pueden combinar entre sí.

Para entender mejor esa diferencia, es necesario tener en claro que existen dispositivos capaces de producir ese tipo de sonidos únicamente de forma mecánica. Tal es el caso del Telarmonio, un instrumento desarrollado durante inicios del siglo xxx de tipo electrónico y polifónico. Además está el órgano Hammond, que funciona en base a los principios básicos del electromagnetismo y el hecho de amplificar las ondas mediante el uso de altavoces. Asimismo se encuentra la guitarra eléctrica, uno de los instrumentos más populares en esta categoría.

Por otro lado, existen instrumentos que son capaces de producir sonidos netamente por medios electrónicos. El Theremín, por ejemplo, es un instrumento de tipo musical concebido en Rusia por el inventor Lev Sergeyevich Termen, quien en 1919 presentó al mundo uno de los primeros instrumentos de este tipo. Entre sus particularidades se distingue el hecho de que el contacto físico no es necesario para operarlo. Los sintetizadores de sonido y las computadoras acondicionadas también están incluidos en este grupo.

En la década de los años veinte es cuando se empieza a manifestar una fuerte presencia en la indagación científica y tecnológica en el ámbito musical, la cual tendría como consecuencia la invención de varias formas primitivas de instrumentos electrónicos. Tal es el caso del Theremín, antes mencionado. Con el que se pudo llevar a cabo las primeras composiciones que dejaban de lado los instrumentos acústicos. En 1929 se compuso la que vendría a ser la primera obra musical especialmente creada en función al Theremín, su concepción sería posible gracias al trabajo de Joseph Schillinger.

musica-para-un-rave

Durante el año 1927, y a consecuencia de los estudios e investigaciones realizados por J. A. O’Neill, quien estuvo influenciado por los principios planteados por Oberlin Smith y las creaciones de Valdemar Poulsen, es que nace un dispositivo capaz de realizar grabaciones utilizando una suerte de cinta recubierta de manera magnética.

Ese dispositivo seguiría evolucionando, impulsado en gran medida por los usos estratégicos que se le dieron en plena Segunda Guerra Mundial. De esa forma, abrió un nuevo mundo de videos porno para los músicos, ingenieros de sonido, compositores y productores. La cinta de audio magnética tenía un precio relativamente bajo, era confiable, y la fidelidad en la reproducción superaba con creces a otros medios desarrollados en esa época.

La música electrónica estuvo asociada en occidente con lo que se conoce como “música culta”; que se entiende como todos aquellos géneros que poseen implicaciones costumbristas o teóricas muy avanzadas. Desde finales de los 90’s, la disponibilidad y los precios asequibles en tecnología musical han facilitado su popularización. Actualmente ofrece mucha variedad tanto en técnica como en valor compositivo, comprendiendo estilos experimentales y también aquellos que están relacionados con el baile.

La música electrónica y su influencia en la cultura popular

El género musical conocido como “electrónica” hace referencia a una amplia gama de variaciones de este tipo de música, que se pueden diferenciar entre sí dependiendo su uso. Hay géneros que esencialmente sirven para escucharse, otros que tiene como objetivo el baile, aquellos que son utilizados como música de fondo, entre otras formas que estarán ligadas a actividades particulares, así como en la industria adulta existen lugares como youporn o youjizz, en la música también existen un montón de sitios y géneros que esperan a ser descubiertos por el oído más catador y especial.

Aunque en la actualidad muchas personas tienden a asociar la electrónica como una música que exclusivamente sirve para bailar, a razón de la popularidad del EDM; siglas que en el idioma inglés se interpretan como “electronic dance music”. Es necesario aclarar, como antes se ha explicado, que este género ha sido definido de manera imprecisa, y dependerá mucho de la actividad a la cual se le asocie, aunque también tendrá distintas clases de connotaciones, en relación a aspectos como las regiones geográficas y el periodo de tiempo donde se haya desarrollado.

musica-electronica

Este género ha ganado gran fama en el ámbito comercial durante los últimos años, incluso siendo usado en grabaciones tipo “crossover”. Un término en inglés que hace alusión a mezclar dos estilos cuyo origen sea disímil, creando una composición que fusiona dos arreglos rítmicos que usualmente no se combinarían. Si se analizan en el plano histórico los gustos y preferencias musicales durante finales de los años setenta e inicio de los ochenta, en países como Estados Unidos y aquellos influenciados por su cultura, se puede encontrar una clara presencia de la electrónica formando parte de muchas canciones populares de la época. Fue clave para la creación de sonidos nuevos en la música pop y rock de los 80’s.

El nombre que recibe nace a finales de la década del setenta, como consecuencia de haberse integrado progresivamente en el mercado “mainstream”; que se entiende como la “cultura de masas”, siendo el conjunto de pensamientos y preferencias de un determinada sociedad durante una etapa de la historia. Es así que la influencia de la música electrónica se empieza a extender, y gracias a ella se desarrollaron géneros como el house, el new beat y el techno.

Luego, durante los años noventa, se utilizó para denotar la diferencia con aquellos géneros que estaban limitados a la “escena rave”. Un término que empezó a ganar reconocimiento principalmente en Inglaterra, y que involucra fiestas donde el baile es una parte esencial. Está asociado al consumo de drogas psicodélicas y el uso de luces tipo estroboscópicas, las cuales estimulan los sentidos agudizados por los químicos ingeridos.

La presencia de la electrónica en la cultura popular se ha ido fortaleciendo en los últimos años, habiendo muchos artistas del género pop que la han impulsado hasta convertirse en una parte esencial de la época en que vivimos. Sin embargo, en algunas zonas sigue estando fuertemente asociada al movimiento underground, mientras que por otra parte ha servido para crear géneros como el electro house y el reggaetón. No cabe duda, que su fama seguirá aumentando, más aún si se toma en cuenta que celebridades, como Madonna o Jay-Z, han integrado varios elementos característicos de la música electrónica en sus discos con mejores ventas.